Educación climática desde el territorio: PRAE y CIDEAM

La educación climática en Colombia no puede seguir siendo un discurso abstracto o descontextualizado; por el contrario, debe construirse desde el territorio, reconociendo las problemáticas ambientales locales y las dinámicas sociales y culturales que las configuran. En este marco, la Política Nacional de Educación Ambiental ha consolidado estrategias como los Proyectos Ambientales Escolares (PRAE) y los Comités Técnicos Interinstitucionales de Educación Ambiental (CIDEAM), que permiten articular la educación con la gestión ambiental y la acción climática en los territorios.

Los PRAE, establecidos como una estrategia pedagógica desde la Ley 115 de 1994, se configuran como proyectos que promueven el análisis y la comprensión de las problemáticas ambientales locales, generando espacios de participación para construir soluciones acordes con las dinámicas socioculturales y naturales de cada contexto . Su carácter transversal e interdisciplinar permite integrar distintas áreas del conocimiento, al tiempo que fomenta una lectura crítica del territorio, vinculando a estudiantes, docentes y comunidades en procesos de investigación, acción y transformación ambiental . En este sentido, el PRAE no solo forma en contenidos, sino que promueve una educación orientada al “hacer”, donde las prácticas concretas —como el manejo de residuos, la protección de fuentes hídricas o la adaptación al cambio climático— se convierten en escenarios de aprendizaje significativo.


Por su parte, los CIDEAM se constituyen como espacios interinstitucionales de coordinación y gestión, cuyo propósito es articular esfuerzos técnicos, financieros y comunitarios para fortalecer la educación ambiental en los territorios . Estos comités integran actores del sector público, privado, académico y comunitario, y permiten que la educación ambiental trascienda el ámbito escolar para incidir en la planificación y gestión local. De hecho, su consolidación ha sido clave para proyectar la educación ambiental en el desarrollo regional, fortaleciendo la articulación entre instituciones y promoviendo procesos sostenidos en el tiempo .

La relación entre PRAE y CIDEAM evidencia que la educación ambiental en Colombia no se limita al aula, sino que hace parte de un sistema más amplio de gobernanza territorial. Mientras los PRAE operan como estrategias pedagógicas situadas, los CIDEAM funcionan como plataformas de articulación que permiten escalar estas experiencias hacia procesos de planificación, participación e incidencia. Esta conexión resulta fundamental para abordar el cambio climático desde una perspectiva sistémica, donde la educación, la gestión ambiental y la toma de decisiones se encuentran.

Desde la experiencia en territorio, estos instrumentos cobran sentido cuando se traducen en procesos participativos reales. El trabajo con comunidades rurales, instituciones educativas y organizaciones de base ha demostrado que los PRAE pueden convertirse en escenarios de diálogo de saberes, donde el conocimiento técnico se articula con los saberes locales para comprender problemáticas como la variabilidad climática, la transformación del uso del suelo o la presión sobre los recursos hídricos. A su vez, los CIDEAM permiten que estas experiencias no queden aisladas, sino que se integren en agendas municipales y regionales, fortaleciendo la incidencia de las comunidades en decisiones relacionadas con la gestión ambiental y el riesgo.

Un ejemplo de ello es la presencia de los CIDEAM y del Área Metropolitana del Valle de Aburrá en Medellín, donde, en compañía de otras entidades territoriales, demuestran que la educación ambiental no ocurre de manera aislada, sino como parte de un sistema que busca incidir en políticas, prácticas y culturas.

En este contexto, la educación ambiental territorializada se posiciona como una herramienta clave para la acción climática, al permitir que las comunidades pasen de ser receptoras de información a actores activos en la gestión de su entorno. Más allá de la formulación de proyectos, lo que está en juego es la capacidad de articular voluntades, construir conocimiento colectivo y generar respuestas contextualizadas frente al cambio climático. Así, la verdadera transformación no ocurre únicamente en el aula, sino en la interacción entre escuela, comunidad e instituciones, donde el territorio se convierte en el principal escenario de aprendizaje y acción.

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