Educación, territorio y cambio climático: hacia una comprensión crítica y transformadora
En este espacio compartiremos un ensayo que invita a reflexionar sobre un tema que nos involucra a todos: la gestión del riesgo en nuestras instituciones educativas. Más que un documento técnico, es una apuesta por cuidar la vida, fortalecer la prevención y construir comunidades más seguras y conscientes. Te invito a leerlo y a ser parte del cambio desde tu entorno.
El cambio climático se ha consolidado como uno de los principales desafíos socioambientales del siglo XXI, cuya complejidad exige respuestas integrales articuladas con la Organización de las Naciones Unidas y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS 2030), que en el caso puntual de Colombia nos permitan generar políticas públicas que abarquen las necesidades de las comunidades, a la vez que contribuyan con la mitigación del impacto climático, como lo son la deforestación a gran escala y el cambio del uso del suelo, como algunas de las principales causas de la deforestación en Colombia.
Es allí donde la educación se concibe como un proceso de comprensión de la realidad, no de memorización de la misma, sino como un asunto que genera análisis de las causas estructurales sobre el cambio climático. Es por ello que las concepciones educativas, como la concepción crítica, permiten una visión más acertada de la realidad, rompiendo con el enfoque tradicional transmisivo y posicionando al estudiante como sujeto que interpreta y cuestiona; un ejemplo clave de esto puede ser el modelo de aula invertida, utilizado por muchas universidades en el país y que hasta ahora se toma como una buena base para la generación de conocimientos.
Para lograr este proceso educativo, hay que entender que el cambio climático no es solo un fenómeno físico, sino el resultado de relaciones sociedad–naturaleza, las cuales vinculan modelos económicos, culturales y políticos, donde se desplaza la enseñanza de lo neutral hacia lo sistémico, integrando lo social como causa y solución, teniendo en cuenta el empirismo en los territorios como saberes, prácticas y aprendizajes que las comunidades construyen a partir de la observación, la experiencia y la interacción cotidiana con su territorio, lo cual, para los ODS, se constituye en un elemento fundamental para la comprensión y abordaje del cambio climático, al aportar conocimientos construidos desde la experiencia directa de las comunidades en sus territorios.
Este tipo de saber permite identificar transformaciones ambientales, diseñar estrategias de adaptación y fortalecer la resiliencia local, contribuyendo así al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS 2030), especialmente en lo relacionado con la acción climática, la sostenibilidad de los ecosistemas y la educación ambiental.
Es por ello que, desde las tendencias educativas, se prioriza el “hacer” sobre el “saber”, ya que son las prácticas concretas de sostenibilidad las que nos muestran un resultado tangible y viable para mitigar el cambio climático, permitiendo la transición hacia pedagogías activas y aprendizaje basado en problemas reales. Desde allí se propone la territorialización de la educación ambiental, con el objetivo de fortalecer la escuela-territorio y el aprendizaje desde el contexto local, convirtiendo la educación en una herramienta de gestión ambiental territorial, llevada a cabo mediante la articulación de actores y gobernanza educativa, involucrando la comunidad educativa con actores socioambientales y autoridades locales, promoviendo una educación interinstitucional y colaborativa que ayude al control de sucesos derivados del cambio climático, como lo son la articulación con los consejos municipales para la gestión del riesgo de desastres y, en el caso de las instituciones educativas del sector público, la adopción e implementación del plan escolar de gestión del riesgo – PEGIRE. De esta manera, se promueve la educación ambiental territorializada, alineada con los desafíos del cambio climático y los ODS 2030.
En consecuencia, la educación en cambio climático se orienta cada vez más a formar sujetos críticos, informados y capaces de intervenir en su territorio, más que simples receptores de información, teniendo en cuenta que la educación actual prioriza el conocimiento verificable, promoviendo el uso de datos e indicadores, visibilizando el cambio climático como un fenómeno visible, cuantificable y modificable, teniendo en cuenta el enfoque del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), el cual se basa en la medición rigurosa de emisiones mediante inventarios nacionales, siguiendo metodologías del IPCC como conjunto de lineamientos científicos estandarizados y desarrollados por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, lo cual se entiende, desde la gestión ambiental territorial, como una forma de abordar el cambio climático basada en la ciencia, los datos y la toma de decisiones informadas.

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